Por: Guadalupe Estefanía Arenas Pacheco
En mi anterior escrito, proponía como eje rector del tema tres preguntas: ¿Hay una identidad latinoamericana?, ¿cómo se ha formado y qué elementos forman parte de ella? Y ¿qué impactos tiene la concepción de identidad en las luchas y movimientos indígenas actuales?
En mis planteamientos, hago hincapié en la identidad indígena que, sin duda alguna, es un elemento importante en la noción del ser latinoamericano. A partir de esto, el indigenismo se ha visto como una herramienta para el rescate de las culturas, creencias y costumbres indígenas, con el fin de valorarlas y que los blanco-mestizos tomen de ellas todo aquello que sea posible aplicar a su vida. Sin embargo, esta postura es parte únicamente de la cultura mestiza. Los lineamientos o propuestas que han llevado a cabo a lo largo de los años, son concebidas bajo un panorama totalmente occidental, sin tomar en cuenta lo que los indios verdaderamente desean o todo aquello que no quieren. Se han tomado la “libertad” de elegir por el otro; de aparentar un rescate cultural, cuando se trata en realidad de la occidentalización del indio, es decir, de que el indio se vuelva “civilizado”. Por tanto, como señala Sánchez, el indigenismo[1] es una corriente antihistórica, tendenciosa; primero, por querer borrar algo que ya forma parte de cada uno de los latinoamericanos, esto es, la conquista; en segundo término, por pensar en el beneficio que la cultura occidental puede traer a las culturas indígenas. Sánchez señala, además, que se trata de un planteamiento fascista, pues se trata de una discriminación inversa: se rechaza lo europeo a pesar de que forma parte del ser latinoamericano. No hago aquí una defensa a la dominación, sino que pongo de manifiesto que tanto lo indígena como la cultura “blanca”, han dado origen al mestizaje biológico pero, sobre todo, cultural y, en gran medida, la cultura latinoamericana esta constituida por dicho mestizaje, ya innegable en la actualidad.
Para poder desarrollar propiamente mis conclusiones respecto a la identidad latinoamericana, es importante aclarar qué es la cultura y qué es el multiculturalismo.
La cultura puede ser concebida como “todo aquello que nos ayuda a colocarnos en la realidad del entorno, no sólo natural sino también social. En efecto, no hacemos cultura sólo para sobrevivir, sino también para convivir con propios o extraños”.[2] Esta convivencia con los otros, sugiere el respeto por las diferencias y también por la igualdad. Es claro que, en nuestras sociedades latinoamericanas, se está construyendo una cultura propia[3], formada por otras tantas que existen desde épocas precolombinas; una unidad donde todas las etnias y pueblos convivan pacíficamente entre ellos y que “lleven a cabo su vida persiguiendo un conjunto de metas colectivas que la identifican o individualizan”[4]. Siguiendo estas metas, las culturas presentes en Latinoamérica pueden construir juntas un tipo de unidad nuevo y propio. Sin embargo, existirán pugnas entre las comunidades menores (culturas o etnias) y las comunidades mayores (los Estados). Debido a esto, un Estado que albergue a todas las culturas y donde haya un respeto entre todas ellas, sería un Estado multicultural.
Dicho Estado, es aquel que alberga a distintas naciones. Se debe entender que el estado es esencialmente político y la nación es étnica-cultural. Luis Villoro dice que la nación es “una comunidad de cultura, con conciencia de pertenencia, con un proyecto común, y con una relación con un territorio”[5]. Con estas definiciones, el multiculturalismo implica un conjunto de naciones que se envuelven entre ellas en un mismo territorio. La idea no es que las culturas autóctonas se occidentalicen o que las culturas occidentales de “indianicen”, sino que entre ellas haya una relación fraterna y de apoyo mutuo.
El rescate de las culturas indígenas puede ser apoyado por los sectores blancos o mestizos, pero éste es un proceso propio de los indios, es decir, para ellos mismos. Como mestizos o blancos, podemos valorar y respetar sus aportes, su cultura y sus costumbres. Ya por muchos años han sido olvidados y explotados. Es hora de que tomemos conciencia de esta problemática y que dejemos de juzgarlos desde un lineamiento occidental o de pretender decidir por ellos, cuando los pueblos originarios tienen voz y derecho de formar naciones independientes al Estado, por ejemplo. Las luchas actuales se han convertido en verdaderos movimientos de reivindicación, donde los indios quieren ser reconocidos ya no como mexicanos, bolivianos o chilenos, sino como lacandones, aymaras o mapuches; buscan el reconocimiento de su identidad y de su dignidad como personas. Las comunidades mayoritarias (mestizos, blancos, etc.) en ocasiones buscan la eliminación de las comunidades minoritarias o desprotegidas. Estas últimas pueden entrar en crisis, por ejemplo, debido a la globalización que imponen los valores occidentales de consumismo y homogeneidad en las comunidades indígenas, supliendo sus propias ideologías[6]. Es por eso que los movimientos indígenas se han vuelto más fuertes en nuestros días, pues buscan que sea respetada su forma de vida y de organización.
La identidad latinoamericana es un proceso lento, que se ha formado por los elementos autóctonos y externos (europeos); es también un proceso que está aún comenzando y hay que analizar cómo podemos llevarlo a la práctica real. Los elementos externos han querido ser erradicados por el indigenismo, sin embargo, no hay que negar la influencia que, durante los 300 años de dominación, tuvieron y siguen teniendo en nuestras culturas latinoamericanas. La identidad no sólo puede ser entendida como algo biológico u ontológico, sino que pude entenderse como algo simbólico y cultural de pertenencia[7]. El multiculturalismo o pluralismo cultural[8] implica el respeto de los símbolos del otro. A partir de esto, podrá establecerse una interacción recíproca entre las culturas y una convivencia en donde reine la igualdad. Al conservarse en cada cultura sus propios símbolos, podrá salvaguardarse su identidad.
La identidad, entonces, no es un utopía o un sueño que no puede cumplirse. En América Latina tenemos un conjunto inmenso de culturas, cada una con sus propios símbolos de pertenencia y de identidad. La identidad propiamente latinoamericana tiene que basarse en el respeto por las culturas diferentes a la occidental, en la formación de Estados multiétnicos donde cada cultura puede ser concebida como una nación, con sus propios derechos, ideologías y formas de vida.
Si hablamos de una identidad latinoamericana en común, considero que puede ser posible en la medida en que aprendamos a valorar por igual las culturas que conforman la región. La identidad es claramente histórica: una dominación extranjera, un período colonial, el sometimiento de las culturas autóctonas, los deseos de liberación, movimientos revolucionarios y democráticos, etc. Esta identidad latinoamericana podría ligarse a una unión, pero ésta no significa una unidad cultural, sino una unidad histórica, valorando las naciones existentes y respetando el derecho a la diferencia. No se trata de ser iguales y de crear una identidad homogénea, sino de unirnos para conseguir un mismo fin: acabar con la opresión y el imperialismo extranjero en América Latina y fortalecer la reivindicación de nuestras culturas indígenas.
[1] El indigenismo no es lo mismo que el indianismo. Este último, es un movimiento para y por los indios. Ejemplo de ello es el Katarismo-Indianismo en Bolivia, en donde se exige un respeto a las culturas ancestrales, sin negar los acontecimientos históricos que los han formado; es decir, se muestran contra la dominación y la explotación blanco-mestiza, pero no pretenden borrar 300 años de historia de conquista en lo que hoy es América Latina.
[2] Mauricio Beuchot, “Noción de cultura, de multiculturalismo y de derechos humanos” en Interculturalidad y derechos humanos, Siglo XXI:UNAM, México, 2005. p. 9.
[3] Anteriormente, mencioné el término cultura latinoamericana, para referirme a los elementos que, de cierta manera, unen a las naciones latinoamericanos. Considero que estos elementos – primordialmente históricos – pueden formar una cultura formada por innumerables culturas, es decir, una cultura mayor constituida por toda la diversidad étnica de América Latina.
[4] Bolívar Echeverría, Definición de la cultura, México, UNAM-Ítaca, 2000. p. 45.
[5] Luis Villoro, Estado plural. Pluralidad de culturas, México, UNAM, Paidós, 1998, p. 13.
[6] Mauricio Beuchot, “Conflicto cultural y derechos humanos” en Interculturalidad y derechos humanos, Siglo XXI:UNAM, México, 2005. p. 23.
[7] Ibid. p. 57.
[8] Según Beuchot, el pluralismo cultural es el modelo en que se trata de explicar o manejar el multiculturalismo.
Guadalupe:
ResponderEliminarI
En primer lugar, señalaría algo sobre lo cual ya he hecho énfasis en otras sesiones y trabajos: creo que hemos leído y discutido lo suficiente como para romper con ese discurso que se nos ha impuesto, el cual califica o interpreta como un "descubrimiento" la llegadas de los europeos al territorio que hoy llamamos América.
II
Con respecto a lo que dice Sánchez acerca de lo que llevamos "dentro" de la conquista y la colonia, considero que el asunto está en cómo llevamos dentro ese hecho histórico. No es lo mismo si lo llevamos dentro pensando que debemos nuestra lengua y nuestra cultura a los europeos, o más aún, que España nos dio lengua, cultura y religión (que "nos civilizó"), que considerar que esos elementos se incorporaron violentamente a lenguas, culturas y religiones que ya existían en estas tierras.
III
Considero que no sólo desde la independencia se comenzó a dar una visión errónea de la identidad del americano. Esta visión errónea comenzó desde el mismo momento en que los tribulantes de las famosas tres calaberas divisaron las costas de la isla Guanahani, y ha sido por mucho tiempo la predominante (con todas sus variaciones).
IV
No tendremos espacios para responder aquí como y porqué el blanco y mestizo de América puede negar lo que lo ha formado. Sin embargo, podemos decir que también hay muchos negros, mulatos e indios que también niegan lo que los ha formado. Hay indios que ya no se consideran indios sólo por la forma en que se visten.
Sí, debemos buscar y ver al indio tal y como es, pero también debemos preguntarnos en qué ha convertido al indio el sistema.
V
La concepción y definición de Indoamérica también podría resultar limitada. ¿Dónde quedan entonces los mestizos y los afrodescendientes?
En general, mi propósito en este trabajo no fue dar una respuesta final a mis planteamientos inciales. Consiero que aún falta mucho por estudiar de estos temas.
ResponderEliminarA grandes rasgos, la identidad es un proceso, algo que no tenemos construido aún pero que, sin duda, estamos tratando de concretar. Por eso recalqué que la identidad latinoamericana tiene que incluir a todos los sectores: indios, blancos, mestizos, negros, etc. Por otra parte, con lo referente a la observación IV, considero que negar la identidad o incluso, negar la historia, es precisamente lo que no permite la contrucción de la identidad. Concuerdo en que, efectivamente, hay sectores indios o negros que niegan lo que los ha formado, pero no por negarse inmediatamente estos factores desaparecen o dejan de influir en la construcción del ser latinoamericano, el ser indio, el ser mestizo, el se afodescendiente, etc. Al menos, ese es mi punto de vista.