Bárbara López
Durante las últimas discusiones (en clase) al parecer hemos entrado en
laberintos sin salida que por años han atormentado a todos los latinoamericanos
y latinoamericanistas. ¿Cómo evitar que desaparezca la diversidad cultural en
manos de este asesino despiadado llamado neoliberalismo? Y ¿cómo formar un
estado que incluya a toda esta variedad de formaciones culturales? Son las
preguntas que yo me he planteado tras estos dos semestres de clase.
La claridad no ha llegado aun a pesar de las aportaciones de un grupo
entero de alumnos y profesor. Parece ser incluso que el problema se ha vuelto más complejo.
Ahora se puede concluir que nuestros estados están conformados de contradicciones
entre comportamientos y pensamientos, mayorías y minorías, heterogeneidad y
homogeneidad, etc.
El aplastante sistema por el cual nos regimos nos desgana
constantemente, sutilmente. Él tiene el alimento, las tierras, la voz, las
fuerzas brutas, tiene nuestras almas y a nosotros todos los que no estamos con
él nos quedan los anhelos, las “ideologías”, las limosnas “caritativas” de
parte de los millonarios, los susurros de las historias que nunca se han
escrito, tal vez, un pedazo de pan en la mesa o unas tortillas frías, duras
como los corazones de nuestros gobiernos, que no satisfacen el hambre de ningún
pueblo, nos queda la locura de pensar que todo va a cambiar y esto a lo que nos
debemos aferrar con los cuerpos de nuestra gente cansados de tanto luchar.
Dicen los afines al dinero que ya nada puede ser mejor,
que no se puede cambiar un sistema que la humanidad ha estado esperando al
parecer desde que el homo sapiens es homo sapiens. Es lógico que la realidad
les favorece, pero, a nosotros las masas de inconformes nos favorece el
pensamiento, todo lo que no se ve con los ojos abiertos.
En enero de 1946 André Breton, Aimé Cesaire y
Wilfredo Lam, tres pensamientos libres, invitaban al pueblo haitiano a vivir
como lo harían en sus sueños con demostraciones de pintura y poesía que mas
tarde despertarían los deseos de lucha hacia una revolución con tintes
marxistas. [1]
Con los ojos abiertos vemos democracia imperialista
y un mundo libre para quien pueda pagar esta libertad. Todos los días los
colores son más opacos. Sin embargo el rojo en las aceras de los barrios más
miserables se nos aparece brutalmente resplandeciente.
Con los ojos cerrados o con los oídos abiertos a la
historia que nunca se nos ha querido contar, vemos paisajes en los que
múltiples seres han permanecido en pie de lucha desde antes que la desigualdad
y la opresión tuvieran nombre. Observamos como los no estados florecen, como
todos los inconformes lo somos un poco menos.
Es un hecho que todo aquel sistema que busque una
hegemonía es por naturaleza aplastante. Es por esto que no pueden subsistir el
capitalismo con el resto (por llamarlas de alguna manera pues resto hace pensar
que son pocas y es claro que son la mayoría) de organizaciones sociales que
conforman los pueblos originarios. Es aquí el primer punto para plantear una
convivencia entre múltiples sistemas de organización.
Parece bastante claro que las culturas aborígenes
americanas no buscaban la hegemonía cultural y ahora tampoco la buscan. Es
decir, que la forma de organización capitalista es la que mas tiende a la
hegemonía. En las discusiones sobre autonomías lo más representativo de esto es
la constante referencia a que las etnias actuales no buscan generalmente formar
estados propios sino recursos suficientes para su subsistencia y reconocimiento
por parte de los estados latinoamericanos.
Es por esto último que los estados democráticos no
tienen un adecuado funcionamiento para la integración de las diferentes etnias
al estado pues en principio niega otras formas de organización del territorio y
de la sociedad dejando claro que para poder tener derecho a opinar acerca de
algo dentro del estado actual de las cosas necesitas pertenecer a este.
Pero, ¿cómo hacer para voltear el orden de las
cosas haciendo simplemente que “el de abajo quede arriba y el de arriba quede
abajo”? En la presentación de Bolivia como una nación indianista se discutió
acerca de como el ser occidental se transforma en una cuestión de marginación
al igual que antes lo era el indígena.
El mas grande problema está aquí, pues para lograr
que esto no suceda se necesita la transformación completa de un orden de
pensamiento que se nos muestra como que ha predominado por siempre (aunque esto
no corresponda a la realidad) y que
domina cada uno de los ámbitos de nuestras vidas.
Esto ultimo parece lo más imposible de todo, pues
se necesita cambiar entonces la situación material que nos lleva a pensar en la
superioridad de unos seres por sobre otros.
Las respuestas a todas estas cuestiones se me
aparecen difusas, es decir, casi invisibles, pero a manera de conclusión como
respuesta a mis dos interrogantes
propongo los siguientes puntos fuera de esta realidad:
1) formación de sociedades no hegemónicas.
2) conformación de no estados (incluyendo aquí la
no democracia).
Para llegar a estos puntos se necesita incluir una
estrategia que por lógica no utilice los viejos caminos del sistema. Es decir que
para crear una alternativa antisistema se necesita de nuevas estrategias que no
sean las creadas por este mismo sistema.
Una de ellas es la no violencia, pues es un hecho
que esta es la principal herramienta de la cual se ha valido siempre el actual
orden de las cosas para establecerse sin un verdadero consenso.
La violencia es
el miedo a los ideales de los demás.
Mahatma Gandhi.
El engaño queda totalmente descartado pues este
también es un pilar del momento en que estamos viviendo.
En general todas las aspiraciones del sistema
actual deben ser desechadas por otras que no conlleven a la explotación.
[1]
Ver Pacarina del sur, MENDEZ
Moissen Sergio. “La Ruche”:
marxismo y surrealismo en la insurrección haitiana de 1946 24 mayo 2012 http://www.pacarinadelsur.com/home/alma-matinal/47-la-ruche-marxismo-y-surrealismo-en-la-insurreccion-haitiana-de-1946.