Por Fátima Lomelí
Como sabemos, la historia de los pueblos latinoamericanos no comienza con la llegada de los europeos. América Latina tiene su propia historia. Una historia que se ha visto sojuzgada y minimizada por las clases dominantes. Estos pueblos originarios han sido víctimas del una trasplantación cultura, social, política, religiosa y privados de su pasado.
Los indígenas han sido objeto de “protección” bajo la óptica eurocentrista debido a su “inferioridad”. Esta afirmación es una gran falacia puesto que las lógicas son completamente distintas. Las civilizaciones europeas y americanas tuvieron un desarrollo completamente distinto, aunque de forma paralela.
Los europeos trajeron consigo su cultura, política y religión para ser implantadas en los pueblos nativos americanos. Se encargaron de mantener su supuesta superioridad y de desaparecer la historia original de estas tierras. Es así como comienza el desvanecimiento de lo americano, y especialmente, que es lo que nos compete, de lo latinoamericano.
Si echáramos un vistazo al periodo colonial, podríamos observar cuál era el papel que jugaban los indígenas en esta época. Eran siervos de los señores feudales, privados de todo derecho y posesión.
Tomando como ejemplo a México, podemos observar cuál es el papel que juega el indígena en el Estado tanto en el periodo independentista y revolucionario. En ninguno de esos dos momentos son tomados como parte importante, sólo son estimados como una clase más. Son considerados como la parte más baja de la sociedad.
En el caso de la independencia resulta evidente el hecho de haber sido un movimiento que no estaba respondiendo a los intereses del pueblo en general sino a los objetivos de los criollos. Esta clase que también ha sufrido la opresión de los españoles peninsulares comenzaron una lucha por desligarse completamente de la Corona española. Esa naciente consciencia criolla va a dar como resultado una nación independiente pero no va a resolver la situación de los indígenas.
Durante el movimiento revolucionario tampoco se respondió a los intereses del pueblo. Es otro claro ejemplo de un movimiento burgués. En este caso debe señalarse la omisión por parte del “gobierno revolucionario” con respecto a las cuestiones campesinas. Por ello es que Emiliano Zapata llamaba a las armas para restituir la propiedad de las tierras a los campesinos, pues sostenía que las tierras habían sido arrebatadas al pueblo por caciques, hacendados y terratenientes, y deberían ser devueltas a sus dueños originarios. La mayor parte de estas propiedades eran de tipo comunitario y cuando se les pidió que se presentaran los títulos de propiedad, que tuvieron su origen en el Virreinato, fueron inválidos ante la ley Lerdo. Aquí hay otro ejemplo. Incluso durante el gobierno juarista fueron golpeados los indígenas con esto, con la expropiación de sus tierras. No debemos olvidar que, contradictoriamente, Benito Juárez era un presidente indígena.
Como ya lo había mencionado, el desarrollo social va a corresponder siempre con los intereses del poder. Primero a los criollos oprimidos, después al perseguido gobierno “liberal de Juárez” y por último a las ambiciones burguesas de Francisco I. Madero.
Dentro de las modificaciones que se dan a lo largo de la historia dentro de los Estados, no ha existido la preocupación verdadera por la reivindicación de los pueblos originarios. Han sido privados de la libertad de autodeterminación y posesión de tierra. Tierra que por historia y derecho les corresponden.
Las etnias han sido vistas como grupos que no han evolucionado. Se les ha aplicado el principio del Darwinismo social, esto es, si no evolucionan y se asimilan dentro de la sociedad dominante, tenderán a desaparecer.
La configuración de los Estados latinoamericanos siempre ha estado sujeta a las políticas externas, a la economía externa. Dentro de estos parámetros, lo indígena no cuenta, están “atrasado”, todos esos grupos no han evolucionado socialmente, por tanto, si quieren pertenecer al Estado, tienen que asimilarse a él y rechazar su indigenidad.
En los Estados modernos capitalistas no hay cabida para una multiculturalidad, esos grupos sólo son, como ya lo había mencionado, una clase como cualquier otra, se pierde su originalidad. Lo que importa es el grupo dominante.
Con respecto a la postura del indigenismo hay un punto muy peculiar. Es cierto que con esto se les han dado ciertos derechos a las etnias, pero no se les regresa la propiedad comunal de la tierra, simplemente se les da la posibilidad de la propiedad privada. Esto trae consigo un gran problema. Si no tienen los medios para ponerla a producir, terminan vendiéndola. Situación que aprovechan las grandes empresas, por tanto, cada vez caen en una mayor pobreza. Puesto que no están asimilados al Estado, no reciben ayuda de este.
Dentro de la lectura, el autor cita unas palabras de Lázaro Cárdenas: “no se trata de indigenizar a México, sino de mexicanizar al indio”. Estas palabras tienen una fuerte aseveración con respecto a la originalidad de los indígenas, esto es, no se pretende revalorizarlos como pueblos históricos, sino de asimilarlos al sistema.
Estos pueblos han tenido una gran resistencia a su asimilación y desaparición total. El Estado moderno no está preocupado por recobrar a estos pueblos. Los priva de todo derecho político, los excluye del sistema porque no comparten la misma lógica. Estos pueblos buscan su autonomía, recobrar sus derechos territoriales, una reorganización en la democracia y a nivel estructural, con una visión antiimperialista. Se persigue una multiculturalidad dentro de Estado.
La gran mayoría de los Estados latinoamericanos están constituidos a partir de las clases dominantes, caminan bajo la lógica del capital, de la producción. La cuestión histórica pasa a segundo término, puesto que la historia que cuenta es la de los pueblos conquistadores, no la de los conquistados. El poder, la política, la economía van a estar regidos por la “étnica dominante” y serán relegados todos aquellos que se consideren “inferiores” dentro de este desarrollo social.
El Estado capitalista en el que nos encontramos a partir del siglo XX ha terminado por devastar a la sociedad, no sólo a los indígenas, pero sí resultan ser de los sectores más afectados como siempre. Todo aquello que no favorezca los intereses del capital será seriamente reprimido.
Una de las preguntas que me ha surgido es pensar en cómo es que se podría dar una reestructuración del sistema político; cómo es que se puede constituir un Estado multicultural a partir de las grandes diferencias étnicas y las sociedades que no pertenecen a ninguna de estas; ¿cuáles deberían ser las bases para un Estado de este tipo?
Por una parte los grupos indígenas han buscado su autonomía, participación política y económica sin la imposición. En segunda instancia tenemos los intereses de las clases bajas que no son indígenas, y que en conjunto, piden una reorganización a nivel estructural del Estado y de la democracia. Ambas tienen como objetivo el antiimperialismo. Es claro que deben reivindicarse los pueblos originarios. Son la historia viviente de América. Es justa su participación en el ámbito político y económico.
Retomando las autonomías, surge una nueva interrogante, ¿exactamente cuál es el objetivo de las autonomías? ¿Acaso es consolidarse como un “pequeño poder político? ¿Entonces estaríamos hablando de un Estado fragmentado? Estas son interrogantes a las que yo no he podido dar respuesta y que creo que vale la pena reflexionar sobre ellas.
Durante las décadas de los 70’s y 80’s se dieron en México casos en búsqueda de las autonomías. Por una parte buscaban una independencia económica, por otra era en un sentido más racial, por ejemplo el caso de los grupos de guerrero que proponían una República Mixteca. Esto nos deja ver que esta autogestión varía mucho entre los mismos pueblos.
En lo particular no veo claro el hecho de un Estado multicultural. Es evidente que buscan justicia, derechos, respeto y reivindicación, pero por caminos diferentes. Esa fragmentación interna no va a llevar estas luchas a ningún lugar.
La construcción de un Estado a partir del gran mosaico cultural que existe en los países latinoamericanos es un asunto sumamente complejo por la diversidad de objetivos e ideologías. No lo veo como una imposibilidad, pero sí como una utopía.
Resulta evidente que dentro de un sistema capitalista los pueblos indígenas no tienen más futuro que el que poseen. Deben tomarse medidas para logar una verdadera transformación. La única manera en que estas etnias logren una libertad real es la superación total del sistema. En primer lugar se necesita que se den las condiciones materiales para que el contexto cambie y después un verdadero movimiento revolucionario. En esto hay un punto que me parece importante. Si se lograra dar un movimiento de este tipo y se consolidara un nuevo Estado, ¿cómo debería de ser? ¿A caso habría Estados dentro de una estructura? ¿Necesariamente tendría que hacer una superestructura? ¿Se declararían independientes los pueblos? ¿Habría algún tipo de regulación general para todos los pueblos? Debido a las diferencias ¿podrían resultar contradicciones entre las etnias? ¿Cuál sería el marco legal, jurídico, político? Como vemos no es nada sencillo pensar en una reorganización estructural. Valdría la pena reflexionar sobre todos estos puntos.
I
ResponderEliminarYo creo que los indígenas o indios no fueron considerados como una clase más. Fueron considerados como la subclase para servir, para explotar; fueron tratados como subclase, como subhumanos... y aún en día muchos los consideran así. Por eso se instaló el servicio obligatorios en las minas, la mita y la encomienda. Por eso el pongaje se mantuvo como institución legal hasta 1952.
II
El problema por el cual la independencia resultó un proyecto incompleto fue que no resolvió la situación de explotación en la que el dominio colonial sometió a los habitantes originales de estas tierras. El proyecto de los criollos resultó, en última instancia, en un "quítate tú para ponerme yo". Más que transformar la realidad socioeconómica de las colonias, los criollos querían detentar ellos el poder y los privilegios que gozaban los españoles llegados de la península.
III
Las preguntas que haces son relevantes y tan vigentes para pensar nuestra región, para tratar de comprender lo que estamos atestiguando. Considero importante dar seguimiento, estudiar y analizar detenidamente lo que ocurre en Bolivia, estar atento a las posibiidades y rumbo de ese proyecto. Es muy pronto para decir si dicho proceso es o será o no exitoso. Sin embargo, es algo nuevo, realmente fascinante, es una respuesta propia de los bolivianos a su realidad y condiciones históricas. De ahí que también que sea importante que desde nuestros propios lugares -como estudiantes o como intelectuales latinoamericanistas- que brindemos apoyo y simpatías a dicho proyecto. Que lo estudiemos y analicemos con detalles.
IV
¿Se puede o no se puede? Creo que jamás lo sabremos si no lo intentamos. Ellso ya lo están haciendo.
G.