El texto literario como constructor de la identidad.
por: Norma Manuel Dueñas.
América Latina: ¿qué eres? Desde que te vieron ojos cegados, un problema fuiste, una vez ultrajada pariste una raza: que en sus cimientos ha puesto dudas y miedos, diversos hombres han nombrado tus caudales, litorales y montañas. Despojada, hambrienta engendraste nuevos hijos, que del color de tu tierra buscan el inmaculado estamos siendo; en la sangre robada, en los umbrales ancestrales, en la carne que bulle lacerada por un recuerdo que aflige pero no devasta…tomarte es suerte cuando lista para la muerte, busco conocerte a través de mis palabras. Manuel Dueñas.
No pretendo responder a la problemática que trae consigo identidad y multiculturalismo, mucho menos definirlas, por el contrario deseo adueñarme de sus disputas y requerimientos. Primeramente es un hecho que la mayoría de los conceptos que ilustran nuestra historia son de orden occidental, incluso el nombre y apellido son producto de invenciones e historias contadas por todos menos por nosotros. Con esto no descalifico las aportaciones del otro, sin embargo, es momento de creer en la gente e intelectuales que han nacido en esta América Latina; problemática y misteriosa.
Si otros pueblos nos han enseñado a pensar y creer una verdad ya decadente, es decir, si nos han mostrado una trágica forma de concebir nuestra realidad, en donde el principal enemigo es dominador, corrupto y devorador, me pregunto ¿por qué no crear una nueva forma de pensar al mundo? Y menciono esta última palabra, pues el problema no es nuestra identidad, ya que, autodenominarnos como: latinoamericanos, indígenas o mexicanos, no solucionará las verdaderas problemáticas.
Por el contrario considero que el multiculturalismo nos fragmenta, que las nacionalidades destruyen y en ocasiones las identidades fanatizan, no es difícil observar cómo muchos oprimidos de un salto pasan a ser opresores, se reproducen los defectos aberrantes de occidente, pero jamás se reconstruyen sus aciertos. Perdemos tiempo tratando de clasificarnos en esta o aquella masa de personas, sin darnos cuenta que como mundo, pertenecemos a una sola raza: la humana. Quizá al estar siendo humanos encontremos la respuesta, tal vez conociéndonos como seres de una naturaleza maravillosa podamos abrazar la posibilidad de la paz y el respeto que tanta falta nos hace.
Las vías para alcanzar lo anterior pueden ser bastas, mas yo veo en la literatura, la posibilidad cercana y hermosa, anteriormente manifestaba la idea de reinventar los aciertos de occidente, uno de ellos es precisamente la literatura: recuérdese a los griegos que vieron en sus letras una forma de educar a sus ciudadanos, piénsese en las revoluciones, tuvieron su bases en el ensayo y la poesía, por supuesto la belleza no debe estar peleada con la realidad por muy lastimera que esta sea.
La literatura puede ser el camino que construya la nueva visión de América Latina, una perspectiva noble pero no sobajada, romántica mas no ingenua. No olvidemos que las artes ennoblecen a los viles, e instruyen a los ya ennoblecidos, encontremos la unidad en la crítica de lo que se nos ha enseñado y rescribamos la esencia de lo que queremos sea Latinoamérica, no por nada voces dicen: el conocimiento es una forma de poder, y las palabras su manifestación.
La literatura no solo puede ser si no que también ha sido parte de los caminos recorridos de la construcción de las identidades latinoamericanas. Más aún, ha sido también un medio por el cual se han difundidos esas otras historias que las historias oficiales y/o oficialistas se han empeñado en omitir. La literatura ha sido también análisis de la realidad social, medio en el que también han confluido muchos sueños, y espacio por el que los espíritus navegan sin cadenas ni ataduras de ningún tipo. La literatura que se ha producido en América Latina es uno de los principales sellos identitarios de la latinoamericanidad. G.
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