Ha pasado ya mucho tiempo desde aquel entonces en
que los pueblos de América se las arreglaban solos para el dominio y distribución de los
recursos en el territorio. La diversidad de la cultura latinoamericana
se hace presente también en las diversas formas de organización y distribución de sus recursos.
Actualmente se lleva a cabo una lucha entre estas
múltiples formas de organización que conllevan culturas, lenguas, colores, sabores etc. y la hegemonía
de un sistema que por esta misma naturaleza de poder es homogénea también.
La incompatibilidad de ambos sistemas problematiza
la construcción de estados en donde convivan pacíficamente ambas formas de
pensamiento pues estos tienden a contraponerse haciendo solo posible la
existencia de uno sin el otro, pues, el sistema hegemónico por su naturaleza ambiciosa
no admite otro sistema diferente al suyo.
Este último es un sistema que (como se ha
mostrado en múltiples ocasiones a lo largo del curso) se caracteriza por la voracidad
y brutalidad con la que impone sus pautas, pues, su base se encuentra en la obtención
de máxima ganancia material mientras que la inmensa gama de corrientes y
culturas en América Latina encontramos múltiples intereses que pueden ir desde
luchas por territorios sagrados hasta por la misma subsistencia.
Los nuevos sistemas han condenado a los colores y
sabores de Latinoamérica a desaparecer y ser sustituidos por las comidas rápidas
servidas en platos de unicel, para comerse sentados dentro de un gran gris
edificio. Le digo adiós al pulque, los nopales, los wimwams, las hamacas, los
hilados. Le doy la bienvenida a los mc donals en Chichen itza y los oxxos en
Monte Alban.
por: Lopez Mondragon Barabara Jazmin.
por: Lopez Mondragon Barabara Jazmin.
¿Crees entonces que hay que renunciar a nuestra cultura, a la particular forma de ser de los distintos pueblos latinoamericanos?
ResponderEliminarCreo que debemos repetirnos esas preguntas que Rubén Darío hace desde uno de sus poemas:
¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?
¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?
¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?
¿Callaremos ahora para llorar después?