Como sabemos, la historia de los pueblos latinoamericanos no comienza con la llegada de los europeos. América Latina tiene su propia historia. Una historia que se ha visto sojuzgada y minimizada por las clases dominantes. Estos pueblos originarios han sido víctimas del una trasplantación cultura, social, política, religiosa y privados de su pasado.
Los indígenas han sido objeto de “protección” bajo la óptica eurocentrista debido a su “inferioridad”. Esta afirmación es una gran falacia puesto que las lógicas son completamente distintas. Las civilizaciones europeas y americanas tuvieron un desarrollo completamente distinto, aunque de forma paralela.
Los europeos trajeron consigo su cultura, política y religión para ser implantadas en los pueblos nativos americanos. Se encargaron de mantener su supuesta superioridad y de desaparecer la historia original de estas tierras. Es así como comienza el desvanecimiento de lo americano, y especialmente, que es lo que nos compete, de lo latinoamericano.
Si echáramos un vistazo al periodo colonial, podríamos observar cuál era el papel que jugaban los indígenas en esta época. Eran siervos de los señores feudales, privados de todo derecho y posesión.
Tomando como ejemplo a México, podemos observar cuál es el papel que juega el indígena en el Estado tanto en el periodo independentista y revolucionario. En ninguno de esos dos momentos son considerados como parte importante, sólo son considerados como una clase más. Son considerados como la parte más baja de la sociedad.
Dentro de las modificaciones que se dan a lo largo de la historia dentro de los Estados, no ha existido la preocupación verdadera por la reivindicación de los pueblos originarios. Han sido privados de la libertad de autodeterminación y posesión de tierra. Tierra que por historia y derecho les corresponden.
Las etnias han sido vistas como grupos que no han evolucionado. Se les ha aplicado el principio del Darwinismo social, esto es, si no evolucionan y se asimilan dentro de la sociedad dominante, tenderán a desaparecer.
La configuración de los Estados latinoamericanos siempre ha estado sujeta a las políticas externas, a la economía externa. Dentro de estos parámetros, lo indígena no cuenta, están “atrasado”, todos esos grupos no han evolucionado socialmente, por tanto, si quieren pertenecer al Estado, tienen que asimilarse a él y rechazar indigenidad.
En los Estados modernos capitalistas no hay cabida para una multiculturalidad, esos grupos sólo son, como ya lo había mencionado, una clase como cualquier otra, se pierde su originalidad. Lo que importa es el grupo dominante.
Con respecto a la postura del indigenismo hay un punto muy peculiar. Es cierto que con esto se les han dado ciertos derechos a las etnias, pero no se les regresa la propiedad comunal de la tierra, simplemente se les da la posibilidad de la propiedad privada. Esto trae consigo un gran problema. Si no tienen los medios para ponerla a producir, terminan vendiéndola. Situación que aprovechan las grandes empresas, por tanto, cada vez caen en una mayor pobreza. Puesto que no están asimilados al Estado, no reciben ayuda de este.
Dentro de la lectura, el autor cita unas palabras de Lázaro Cárdenas: “no se trata de indigenizar a México, sino de mexicanizar al indio”. Estas palabras tienen una fuerte aseveración con respecto a la originalidad de los indígenas, esto es, no se pretende revalorizarlos como pueblos históricos, sino de asimilarlos al sistema.
Estos pueblos han tenido una gran resistencia a su asimilación y desaparición total. El Estado moderno no está preocupado por recobrar a estos pueblos. Los priva de todo derecho político, los excluye del sistema porque no comparten la misma lógica. Estos pueblos buscan su autonomía, recobrar sus derechos territoriales, una reorganización en la democracia y a nivel estructural, con una visión antiimperialista. Se persigue una multiculturalidad dentro de Estado.
La gran mayoría de los Estados latinoamericanos están constituidos a partir de las clases dominantes, caminan bajo la lógica del capital, de la producción. La cuestión histórica pasa a segundo término, puesto que la historia que cuenta es la de los pueblos conquistadores, no la de los conquistados. El poder, la política, la economía van a estar regidos por la “étnica dominante” y serán relegados todos aquellos que se consideren “inferiores” dentro de este desarrollo social.
Me gusta tu trabajo, por que justo es un intento analítico de considerar tanto lo étnico como lo económico, en un problema específico. angélica landa
ResponderEliminar