sábado, 12 de mayo de 2012

Comentario del capítulo II del libro: ¡A desordenar!



Osvaldo Rocha Guzmán
La autora del libro Raquel Gutiérrez Aguilar es una mujer muy interesante, me atrevería a decir que hacen falta muchas personas como ella, esto es porque como latinoamericanos tenemos incrustado en la mente, las culpas y los miedos transmitidos desde Europa, esta es la justificación racista y etnocentrista de la conquista de América en palabras de Roitman.
 Raquel se aventura en lo que pareciera ser un sueño utópico de juventud y en su esfuerzo por hacerlo realidad, su vida se vuelca hacia el movimiento de transformación de toda la situación en Bolivia y América Latina, su vehículo serán las clases más bajas y los indígenas, se moverá entre ellos, con ellos y para todos será el resultado, con la diferencia que el poder realmente es para el pueblo y no que el pueblo quite a uno y ponga a otro, además que el cambio debe ser primeramente personal, o sea cambiar la cosmovisión capitalista y el concepto de dios, esto se hace negando y cuestionando todo, pero sin hacerla de juez etnocentrista, buscamos la libertad, pero son pocos los que se preparan para recibirla, no todos estamos preparados por muy libres que nos sintamos, la comodidad de ser dominados nos lleva al silencio, el miedo al estado nos hace entrar a realidades que no tienen sentido, pues cada vez nos acercamos más a la ficción de Orwell o Huxley, permitimos la opresión mental y el exterminio de las “razas inferiores” en pos de la ciencia y el progreso, pero sólo para unos cuantos, ahí radica la cuestión liberadora.
Así como lo narra la autora, el movimiento revolucionario boliviano me parece le más auténtico y de los más viables, un movimiento que recoge lo mejor de las diferentes visiones revolucionarias de América Latina y el Caribe, el fin no debe ser una calca de modelos importados que no son la solución, cada zona tiene sus necesidades, y esto es por la gente que lo habita, no creo que los argentinos en Buenos Aires vean el mundo y la vida como los aymaras en Cochabamba, lo que une e identifica a la población latinoamericana es la sumisión, pobreza, humillación, sentimientos de inferioridad, etcétera en que hemos sido enfrascados.
Raquel saca un tema que es de suma importancia, ¿cómo hacer para no dejar de lado lo humano? La revolución también debe de cumplir con la liberación mental y no sólo económica, en este aspecto estoy de acuerdo con la autora en que resalta los fundamentos y las exigencias del EZLN, autodeterminación de los pueblos indígenas y no indígenas para mi sería uno de los triunfos que cualquier revolución podría presumir, hay que predicar con el ejemplo, Gutiérrez Aguilar y el pueblo boliviano nos dan muestra de ello.

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