miércoles, 23 de mayo de 2012

Continuación: El texto literario como constructor de la identidad.

Por: Manuel Dueñas Norma.
Cada narración escrita en cualquier lugar y bajo cualquier circunstancia representa una realidad. Por ello la literatura como manifestación artística puede ser valorada por cualquier persona, dado su carácter universal y que versa precisamente sobre situaciones humanas. Hago especial hincapié en esto porque intento resolver toda una serie de preguntas que me han venido a la cabeza a raíz del primer escrito: ¿cómo la literatura ayuda en la construcción de la identidad? Pregunta que desemboca en el para qué de la misma.
Inevitablemente retorno a la bella juventud  en la que el artefacto poético erase visto como un artículo mágico que tenía la particularidad de hacerte viajar a lugares que sólo la voluntad imaginativa se atreve a llegar. Sin embargo, conforme esos mundos apresan la mentalidad, comienza en el lector una transformación que ciegamente viene de dentro y encuentra su realización en  palabras, es decir, cambia el pensamiento del hombre.
El cómo ocurre esto ha sido estudiado por distintos personajes fraternos a teorías de la recepción, en las cuales intervienen sistemas de comunicación acertados como el de Jacobson pero engorrosos para la simplicidad. De forma breve logramos concertar que el hombre se educa a través de la literatura porque esta apela al raciocinio y sentimentalismo del hombre.
Poder conjuntar estas dos palabras  permite dar cuenta del poderío literario, ya que, a través de sus innumerables imágenes hace filosofía e historia, mas no desglosaremos esta hipótesis, sólo tómese como atrevimiento y piénsese en la posible veracidad de lo antes dicho. Siguiendo la línea que permite dar cuenta de la grandeza literaria, me permito sugerir que la mayoría de las cosas habidas y por haber ya fueron establecidas a través del texto literario, sólo que bajo el matiz de la estética o incluso bajo la consigna de que lo que hay escrito aquí es verídico.      
Piénsese en aquellos mitos fundacionales o en los llamados libros sagrados, en ambos casos se trata desde la perspectiva de un crítico literario, de obras exquisitas que incluso han instaurado un canon, pero a los ojos de sus seguidores significan la base de sus creencias y por tal el punto de partida de su propia vida.
Con lo anterior, aunque escaso, podemos empezar a comprender porqué las manifestaciones literarias ayudan en la construcción de la identidad, ya que, en un principio es el conjunto de creencias las que comienzan por dar significación a nuestra persona como parte de una comunidad, y estas  formas están expresadas en un texto literario.  Pensemos ahora en el desarrollo de nuestra niñez, todos y cada uno de nosotros crecimos rodeados de cuentos de hadas e historias de fantasmas, las cuales también se encuentran asentadas en textos literarios.
Así podríamos cada uno dar cuenta de la importancia de la literatura en nuestras vidas, en algunos la presencia será ambigua, en otros más palpable, pero no habrá alguno que se atreva a negar que antes de formarse bajo cualquier profesión, tuvo encuentro furtivo con la literatura.
Ya entrados en materia debo dejar claro que incluso las poblaciones indígenas encuentran en la letra, la manera de perdurar en el tiempo, reitero, la base de su identidad se encuentra en sus mitos. Estos mismos son utilizados de distintas maneras por diversos autores en poesías modernas pongo como ejemplo a Francisco Morales Baranda quien en su poema Tenamiquiliztli recuerda que su tierra es Atlixco: rostro del agua, describe cómo fue físicamente y cómo sigue siendo su gente.
Diego Rivera para principios del siglo XX realiza un mural en la preparatoria número cuatro, en ella a través del muralismo trata de contestar a la pregunta de quién es el mexicano, hazaña que para algunos críticos es lograda, sin embargo, él, Rivera escribe una propia crítica a su mural dando importancia a la literatura como parte y conformadora de la identidad:
La mujer que sostiene a la serpiente representa al conocimiento, le sigue la fábula con una piel verdosa, la poesía erótica está representada por una mujer de seductores ojos verdes y cabellera dorada, la tradición como una indígena con sus manos en el regazo. De pie la prudencia, la justicia, la fortaleza y la continencia, son observadas por la ciencia-figura que entre nubes cierra la composición. [1]
Por su parte José Vasconcelos ve en la educación a través del arte una de las formulas que llevarán al hombre latinoamericano a consignarse en el amor absoluto a su patria, en esta línea también tenemos a Usigli cuyo sistema artístico con el cual buscaba conformar la identidad del hombre latinoamericano era el texto dramático bajo la consigna de: “Somos…lo que nuestro teatro expresa”[2]   
De esta manera será prudente recordar cómo la estética modernista, a través de la poesía, construye todo un sistema que invita a la transformación en el pensamiento latinoamericano, los temas ávidos en este periodo van desde  la manipulación del mito griego hasta la invitación sublime de una revolución mental y física. Gutiérrez Nájera en algún momento me enseñó que una de las particularidades del poeta latinoamericano era la facultad de encerrar lo infinito en la finitud de las palabras.
Cierro este breve ensayo con la convicción del primero: estoy segura que será el texto literario uno de los medios por los cuales podremos confirmar nuestra identidad, ¿por qué? Porque la historia de la literatura latinoamericana así nos lo ha enseñado, y este es el para qué de la literatura; enseñar y ennoblecer las almas de los hombres, para su realización como seres humanos, para deleite de la vida misma.   


[1] Raúl Bejar, La identidad nacional mexicana en las expresiones artísticas. Estudios históricos y contemporáneos, México, UNAM, 2008. p. 96.
[2] Rodolfo, Usigli, “Ensayo sobre la actualidad de la poesía dramática” en Teatro Completo III, México, F. C. E., 1979. p. 15.

1 comentario:

  1. El historiador francés Marc Ferro afirma que la visión que tenemos del mundo, de los otros y de nosotros mismos se conforma a partir de lo que aprendemos de niño como historia. O bien, de lo que se nos enseña como historia y de la manera en que se nos enseña la historia. Considero que eso es válido también para la literatura. La visión que tenemos de nosotros mismso y de los otros también esta conformada por los poemas, cuentos y leyendas que escuchamos o leímos de pequeños. Los poetas que complementan los panteones patrióticos nacionales, que son erigidos en símbolos de la nacionalidad o la identidad nacional (independientemente de cómo se conciba ésta), también conforman nuestra identidad, también nos constituyen como nuestro pasado también nos constituye. Sobre esto también falta mucho por decir. G.

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