Sarasuadi Ochoa Contreras
La globalización o mundialización es un concepto reiteradamente utilizado en las ciencias sociales, haciendo especial énfasis en sus aspectos económicos. Sin embargo, es un proceso multidimensional que tiene distintas implicaciones, particularmente me interesa rescatar en este breve ensayo las relativas al ámbito cultural, debido a que la globalización no afecta solamente las estructuras y el funcionamiento de la economía mundial, sino que también modifica profundamente los modos y prácticas de vida de las poblaciones del planeta entero.
A lo largo del desarrollo del capitalismo, éste se ha implantado junto con proyecciones ideológicas de diversa índole que pretenden asegurar el éxito del modo de producción capitalista; parte importante de estas construcciones ideológicas se relacionan con el ámbito cultural.
Si bien los promotores de la globalización han manejado durante mucho tiempo que se trata de un fenómeno homogeneizador que terminará igualando al resto de las culturas y se conjugará una única cultura global, lo cierto es que la globalización actúa diferenciadamente sobre los patrones culturales, y normalmente son los países del centro capitalista- principalmente Estados Unidos- los que exportan sus valores económicos, sociales y culturales al resto de las periferias, como sucede en el caso de América Latina.
Sin embargo, este proceso no ha estado exento de contradicciones y frente a los intentos de estandarización hegemónica han surgido distintos fenómenos contestatarios que oponiéndose a ese proceso apelan al mantenimiento de sus identidades particulares. Estos fenómenos que han surgido en gran parte del mundo, abarcan desde procesos nacionalistas, movimientos de minorías nacionales o religiosas, y particularmente en nuestro continente a movimientos identitarios o étnicos, pues como explica Javier de Lucas:
La amenaza a las identidades culturales no hegemónicas desde el proceso de globalización procede del hecho de la introducción inexorable de la lógica del mercado mundial en el ámbito también de la cultura, una penetración todavía más lesiva en el caso de identidades culturales que no tienen recursos políticos para presentarse con capacidad de intervención en este proceso. Esta es la razón de la sensación de amenaza (y de menosprecio) que viven los grupos que se identifican a través de ella y que ven multiplicado de esta manera el detrimento de un elemento clave de su dignidad. [1]
Es importante señalar que los promotores del proceso de globalización con frecuencia utilizan también a la diversidad cultural dentro de su discurso, sobre todo en los últimos años cuando se hicieron evidentes las problemáticas en torno a las diferencias culturales, incluso terminando en estallidos violentos, por lo que desde una perspectiva teórica liberal surge el concepto de multiculturalismo, el cual “tolera” a la diversidad siempre y cuando no obstaculice las actividades del capital.
En ese sentido es fundamental diferenciar los términos multiculturalismo y multiculturalidad. El concepto multiculturalismo hace referencia, como cualquier ismo, a un conjunto de postulados teórico políticos que implican una visión del mundo, que es en este caso de contenido liberal; mientras que el término multiculturalidad hace referencia a la existencia de diversas culturas coexistiendo en un mismo espacio determinado.
Este multiculturalismo liberal-que importaron los gobiernos de América Latina desde Europa, Estados Unidos y Canadá-, surge con mayor ímpetu en la década de elos noventa y recomienda un conjunto de políticas públicas dirigidas desde el poder e instituciones estatales hacia las minorías y grupos indígenas que lejos de reconocer realmente a las diversidades culturales, más bien buscan neutralizarlas y despolitizarlas.
Por otra parte, el multiculturalismo centra su análisis en el “problema” que representan los aspectos culturales y elimina de su perspectiva los orígenes históricos, económicos y políticos que forman parte fundamental de los conflictos actuales en las sociedades culturalmente diversas. Además el multiculturalismo tiende a la individualización, a permitir las diferencias culturales con límites, regularmente dentro de la esfera de lo privado, mientras que en el espacio público se pronunciará por una supuesta neutralidad.
Como indica Héctor Díaz Polanco, la globalización integrará a su lógica a las identidades que se subordinen a los esquemas impuestos e intentará disolver a aquellas que le resulten perjudiciales o cuenten con reivindicaciones también de carácter político: “La globalización entonces procurará aprovechar la diversidad, aunque en el trance globalizador buscará, por supuesto, aislar y eventualmente eliminar las identidades que no resulten domesticables o digeribles. […] La globalización es esencialmente etnófaga. ” [2]
En ese sentido, el multiculturalismo es la ideología que la globalización necesita para llevar a cabo sus propósitos: “[…] poner en práctica la etnofagia universal. […] promueve el ingreso de todas las diferencias a las fauces del sistema, bajo condiciones que estipula el multiculturalismo”. [3] Posteriormente el autor añadirá que el multiculturalismo es en última instancia:
[…]manejar la diversidad en las sociedades liberales, acorde con las nuevas necesidades del capital global y establecer terminantemente la línea más allá de la cual ciertos ʻ modos de serʼ no son aceptables. Esto es, determina qué es una diferencia admisible a partir de los principios liberales, y por tanto señala cuáles son los límites de la tolerancia, fijados por el propio liberalismo. [4]
Por lo tanto, retomamos la idea del concepto interculturalidad e interculturalismo propuesto por diversos autores y activistas latinoamericanos como proyecto político y teórico que a diferencia del multiculturalismo implica necesariamente un diálogo entre diversas culturas, en condiciones de igualdad y con un pleno reconocimiento del otro.
Ahora bien, las formas en que la globalización afecta a los pueblos indígenas son numerosas y variadas a la vez que dependen de múltiples factores, pero consideramos los efectos de ésta en sus culturas e identidades como elementos fundamentales que coadyuvaron al fortalecimiento de las organizaciones indígenas. Contrario a lo que predijeron los ideólogos de la globalización las identidades indígenas en nuestro continente no se han extinguido ni se han sumado al “tren de la globalización”, por el contrario se han opuesto al mismo.
Esto no excluye que los pueblos indígenas han sufrido severas modificaciones por su interacción con referentes culturales trasnacionales, impactando particularmente en las comunidades tradicionales, sin embargo varios pueblos indígenas han desarrollado diversos procesos de reafirmación cultural e identitaria, recomponiendo los valores tradicionales de sus colectividades y los pilares tradicionales de sus comunidades, especialmente aquellos aspectos que resultan antagónicos al sistema capitalista.
La identidad colectiva es un proceso de construcción social que constantemente está cambiando y que está constituida:
[…] por un sistema de creencias, actitudes y comportamientos que le son comunicados a cada miembro del grupo por su pertenencia a él” que consiste en “un modo de sentir, comprender y actuar en el mundo y en formas de vida compartidas, que se expresan en instituciones, comportamientos regulados, artefactos, objetos artísticos, saberes transmitidos […]. [5]
Por lo que la regeneración de identidades está íntimamente ligada a la globalización, especialmente frente a los intentos de homogeneización cultural. En ese sentido, José Bengoa considera lo anterior un elemento primordial de análisis para explicar el actual protagonismo indígena, pues señala los efectos de la globalización en el fomento de la organización de las comunidades indígenas y el fortalecimiento y reafirmación de sus identidades culturales, especialmente a partir de la percepción por parte de los indígenas de que la globalización representa una amenaza cultural profunda, pues “mientras los países más “globalizan” sus economías, internacionalizan sus mercados, sus productos, sus pautas culturales de consumo, sus sistemas de vida incluso, más fuerza adquieren las identidades más antiguas, las identidades locales, étnicas, incluso aquellas que parecerían dormidas o perdidas.”[6]
Por último, es de todos conocido que la globalización tiende a acrecentar las desigualdades económicas y la polarización social, inequidades que se acentúan en el caso de los pueblos indígenas. Además, la apropiación capitalista del territorio y los recursos naturales es una de las principales amenazas a las que se enfrentan los pueblos indígenas, tanto por representar un peligro para su supervivencia material, como por ser un ataque contra su cultura. León Olivé resuelve muy bien esta problemática al afirmar que no sólo hay que reivindicar los aspectos culturales, sino también los elementos políticos y económicos de los pueblos indígenas:
Por eso es muy importante insistir en que además de los derechos culturales, es necesario reivindicar los derechos económicos de los pueblos y de las naciones, pues no se trata de reivindicar las identidades en la pobreza, sino las identidades en condiciones de justicia social, dentro de cada país y en las relaciones internacionales. [7]
Como conclusión entre los efectos no esperados y paradójicos de la globalización tenemos la creciente producción de discursos y movilizaciones en torno a la identidad y el reconocimiento de la diversidad, que en América Latina tienen su máxima expresión en los movimientos indígenas y su emergencia en el espacio público, movimientos que han logrado cimbrar las bases del modelo globalizador, así como cuestionar conceptos que considerábamos como inamovibles, por ejemplo Estado-Nación, desarrollo, poder, justicia, entre otros, proponiendo desde sus raíces culturales conceptos como Estado-plurinacional, Buen vivir, mandar obedeciendo, entre otros.
Notas al pie:
[1]Javier de Lucas; Globalización e identidades. Claves políticas y jurídicas. Icaria Editorial, Barcelona, 2003, p. 37.
[2]Héctor Díaz Polanco; El laberinto de la identidad. UNAM, México, 2006, p. 14.
[3]Héctor Díaz Polanco; Elogio de la Diversidad. Globalización, multiculturalismo y etnofagia. México, Siglo XXI, Editores, 2006, p, 189.
[4]Ibid, p. 175-176
[5]Luis Villoro; Estado plural, pluralidad de culturas. Paidos, México, 1998, p. 66.
[6]Bengoa, José; La emergencia indígena en América Latina. FCE, Santiago, 2007, p. 44
[7]León Olive; “Las identidades en la Globalización”, Rafael Loyola Díaz; Tomas Calvillo; et al; Diálogo entre civilizaciones. Miradas. UNAM, Miguel Ángel Porrúa, México, 2010, p.126.
Fuentes Consultadas:
Libros
Bengoa José; La emergencia indígena en América Latina. FCE, Santiago, 2007, 343pp.
De Lucas, Javier; Globalización e identidades. Claves políticas y jurídicas. Icaria, Barcelona, 2003, 128pp.
Díaz Polanco, Héctor; El laberinto de la identidad. UNAM, México, 2006, 317pp.
Héctor Díaz Polanco; Elogio de la Diversidad. Globalización, multiculturalismo y etnofagia. Siglo XXI, México, 2006, 224pp
Artículos
Escarzága Nicté, Fabiola; La emergencia indígena contra el neoliberalismo”, Política y Cultura, UAM-Xochimilco, México, otoño, número 22, 2004, pp. 101-121.
León Olive; “Las identidades en la Globalización”, Rafael Loyola Díaz; Tomas Calvillo; et al; Diálogo entre civilizaciones. Miradas. UNAM, Miguel Ángel Porrúa, México, 2010, p. 123-132.
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ResponderEliminarAquí también señalaría y preguntaría lo mismo que dije en un comentario sobre las actuales democracias latinoamericanas: ¿No crees que también deberíamos elaborar y construir, desde América Latina, nuestros propios conceptos y prácticas multiculturales? ¿Y qué de las propuestas interculturales elaboradas por intelectuales de la región, como la de Fornet?
En lo personal creo que lo que ocurre en Bolivia es un buen paso en ese sentido.